En la parashá Tazria-Metzorá se plantea la siguiente pregunta: ¿por qué, cuando una mujer concibe y da a luz un varón, queda en estado de impureza durante siete días, de manera análoga a los días de su menstruación, según se establece en Levítico 12:1?
Surge entonces la pregunta de fondo: ¿cuál es la razón por la que el acto de dar a luz conlleva un estado de impureza ritual? ¿por qué el nacimiento, un evento que da vida, genera tumá/impurificación? Intuitivamente esperaríamos lo contrario. Este tema nos obliga a preguntarnos qué es realmente la impureza ritual en el sistema levítico.
La fórmula significativa es: "כִּנְדַּת דְּוֺתָהּ תִּטְמָא": "será impura como en los días de su menstruación" (Lv 12:2). La clave está en esta comparación: la tumá del parto es análoga a la tumá de la nidá/menstruación.
La tumá como señal de pérdida de potencial vital
La mejor respuesta, a mi parecer, que cohesiona con el sistema levítico es que la tumá es una respuesta ritual a la proximidad a la muerte o a la pérdida de potencial de vida.
Jacob Milgrom (en su comentario al libro de Vaiqrá / Levítico en la serie Anchor Bible) articula esto de la siguiente manera: las tres fuentes principales de tumá/impurificación en Levítico son el cadáver humano (tumá más severa), la tzazraát /lepra, y los flujos genitales (semen, nidá/menstruación, parto). El enlace común no es el pecado ni la suciedad moral, sino la asociación con la disminución o pérdida de jaím/vida que cada uno representa.
En el caso del parto:
- Sangre derramada: La hemorragia del parto implica pérdida de sangre, y la sangre en el sistema levítico es la vida ("ki hadám hu hanéfesh", "porque el alma está en la sangre" Dt 12:23). El derramamiento de sangre, incluso involuntario, incluso generativo, crea un estado liminal, es decir, de transición. Aunque es verdad que se excluye en la Torá un régimen de tumá específico para la sangre derramada por herida o violencia en el propio cuerpo.
- Pérdida del potencial de vida: La nidá /menstruación mensual representa sangre que pudo haber sido vida y no lo fue. En el parto, la sangre también fluye asociada a ese umbral entre el ser y el no-ser. El útero que ha contenido vida ahora "libera" junto con esa vida también su revestimiento hemorrágico.
- El umbral entre mundos: El momento del parto es un umbral: el niño que estaba "entre" el ser y el no-ser ahora existe. La madre ha transitado por ese umbral. En muchas culturas del Antiguo Oriente Próximo, quienes transitan umbrales liminales requieren un período de readaptación antes de reintegrarse a la comunidad del culto.
Uno de los errores más comunes en la lectura de estos textos es traducir tumá como "pecado" o como "vergüenza". El sistema levítico distingue radicalmente entre jet (pecado) y tumá (impureza ritual). Una persona puede estar en estado de tumá sin haber hecho nada incorrecto, de hecho, la mayoría de las fuentes de tumá son inevitables o incluso virtuosas (enterrar a un muerto es un mandamiento, y también genera la máxima tumá).
Como mencioné arriba: El derramamiento de sangre, incluso involuntario, incluso generativo, crea un estado liminal. Pero se excluye en la Torá un régimen de tumá específico para la sangre derramada por herida o violencia en el propio cuerpo. La tumá en Levítico no es una respuesta a la sangre en sí misma. Si fuera así, cualquier sangre generaría tumá: la del matadero, la de una herida, la que se derrama en la guerra. Pero eso no es lo que el texto de la Torá prescribe. La clave está en qué hace esa sangre en relación con el cuerpo que la produce y con el sistema de la vida.
El sistema de la Torá legisla sobre los flujos normales del cuerpo que tienen que ver con la generación de vida: la menstruación, el flujo seminal, el parto, el flujo patológico (zav). Estos son ritmos del cuerpo vinculados a la transmisión o pérdida de potencial vital. La tumá allí marca el umbral entre lo que pudo ser vida y lo que no fue, o entre el interior del cuerpo como espacio de gestación y el mundo exterior. Pero una herida es categorialmente distinta, no es un flujo del sistema reproductivo, no tiene que ver con el potencial de vida, y su causa es externa, un agente ajeno actuó sobre el cuerpo.
El Talmud (Nidá, Zavim) trabaja consistentemente con la idea de que la tumá/impurifiación de flujos se activa cuando algo que pertenece al interior del cuerpo cruza el umbral hacia el exterior. El semen, la sangre menstrual, el parto: todos son movimientos de adentro hacia afuera del cuerpo.
La sangre de Yeshúa en la crucifixión ¿bajo qué categoría cae? Es sangre de herida violenta. Y el texto de Hebreos 9:13-14 la pone en paralelo directo con el sistema de la Torá de purificación: "si la sangre de toros y machos cabríos santifica para la purificación de la carne, ¿cuánto más la sangre del Mashíaj...?".
El autor de Hebreos no está diciendo que la sangre de herida genere tumá en el sistema levítico. Sino que la sangre derramada voluntariamente como korban/ofrenda, sí tiene función purificadora en el sistema de la Torá (es la sangre asperjada en el Yom Kipur, es la sangre del lintel en Pésaj). La crucifixión se interpreta no como herida de guerra sino como shejitá (שְׁחִיטָה: corte; degüello) sacrificial, lo que explica por qué el texto del Discípulo Amado cuida tanto de señalar que ningún hueso fue quebrado (Jn 19:36, cf. Éx 12:46).