¿Imposible volver?

¿Imposible volver?

El primer dato que libera la lectura de este pasaje es reconocer qué tipo de texto es Hebreos. El propio autor de Hebreos nos dice qué tipo de escrito es el suyo. En Hebreos 13:22 lo llama "palabra de exhortación", y ese término técnico en el mundo judío del primer siglo designaba la derashá, la exposición y enseñanza que se daba en la sinagoga después de la lectura de la Torá y los Profetas. Hechos 13:15 usa exactamente esa expresión cuando los jefes de la sinagoga de Antioquía invitan a Shaúl a dirigirse al pueblo. Hebreos es una derashá, una enseñanza en la sinagoga, y quien conoce cómo hablan los profetas reconoce inmediatamente el tono. Isaías le dice a Israel que será destruido y abandonado, Jeremías que ya no hay remedio, Ezequiel que los huesos están secos y no hay vida. Pero esas palabras no son sentencias jurídicas sobre cada israelita; son el lenguaje de quien quiere sacudir al oyente para que despierte antes de llegar al borde. El autor de Hebreos habla exactamente así: con la voz del profeta que advierte, no con la voz del juez que condena.

La audiencia que el autor tiene frente a sí son creyentes judíos tentados a regresar al sistema sacerdotal levítico. Todo el argumento sobre el sacerdocio de Yeshúa según el orden de Malkitzédek, que ocupa los capítulos 7 al 10, solo tiene peso si esa es la tensión concreta que viven. Si no entendemos esto, esos capítulos parecen pura teoría abstracta. Pero para ellos era una cuestión urgente y práctica: ¿el sacerdocio de Yeshúa cumple y completa lo que el sacerdocio de Aarón anticipaba, o no? Si la respuesta es no, volver al Templo tenía toda la lógica del mundo. Si la respuesta es sí, volver es como sacrificar el cordero de Pésaj después de que ya ocurrió el éxodo.

Uno de los versículos que más asusta es Hebreos 6:6. Lo que el autor describe no es a alguien que cometió un error puntual o atravesó una temporada de oscuridad y duda. El verbo en el original describe una acción continua y sostenida: alguien que activa y permanentemente repudia la obra de Yeshúa el Mashíaj. Al regresar al sistema que condenó al Mesías, esa persona declara con sus hechos que la muerte de Yeshúa no valió nada. Es, como dice Hebreos 10:29, "pisotear al Hijo de Dios, considerar impura la sangre de la alianza". El autor habla de alguien que vuelve a ofrecer sacrificios de animales como si la muerte de Yeshúa no hubiera ocurrido, o como si no hubiera sido suficiente. Con ese regreso está declarando que el sistema que lo condenó tenía razón. Por eso dice que lo "crucifican de nuevo": no con sus manos, sino con su regreso. Están diciendo, con sus acciones, lo mismo que dijo el Sanedrín: este hombre no es el Mesías, su muerte no fue sacrificio, fue castigo merecido. Eso es lo que el autor llama imposible de restaurar, porque la persona ha destruido la base misma sobre la cual descansa el arrepentimiento.

Si el autor creyera que su audiencia ya está condenada, no escribiría el resto del libro. El versículo 9 es importante: "Pero en cuanto a ustedes, amados, estamos persuadidos de cosas mejores, y que pertenecen a la salvación". El autor señala el precipicio precisamente para que su audiencia se aleje del borde, y luego les dice que confía en que no llegarán a él. Eso es lo que hace un padre con su hijo, no lo que hace un juez con un condenado.

Incluso el Talmud en Berajot 34b enseña que en el lugar donde están los baalei teshuvá, quienes regresaron al Eterno después de haberse alejado, los tzadiqim /justos completos no pueden estar. Hebreos describe a quien no puede arrepentirse. Pero quien llora su caída, quien busca volver, ya está en ese lugar que el Talmud describe. Y su propio arrepentimiento es la prueba de que la puerta no está cerrada para él.

PARDES fomenta el estudio, la reflexión y la meditación de las Escrituras, siguiendo las enseñanzas de los primeros discípulos de Yeshúa el Mashíaj del movimiento haDérej (El Camino; Hch 24:1)