Una vez que Mt narró el modo de la concepción sobrenatural-virginal de Yeshúa, cita, para confirmarla, la célebre profecía del profeta Yeshaiáhu/ Isaías sobre el Imanuel (Is 7,10-16). Mt ve en este hecho el cumplimiento del vaticinio de Isaías. La advertencia del cumplimiento es de Mt, como se ve por la semejanza en insistir en su evangelio sobre el cumplimiento de las profecías del Tanáj (A.T.) en Yeshúa (Mt 2:15; 4:14; 12:17).
Precisamente sucede «para que se cumpliese lo que Adonái había anunciado por el profeta». La partícula con que Mt lo introduce: «para que se cumpliese», de suyo podría tener, no un sentido de finalidad, sino también de consecuencia o hasta simple acomodación, como es frecuente, lo primero en el koiné, y lo segundo, tanto en la literatura judía como en la bíblica. Pero el cumplimiento de la profecía está no tanto en la partícula griega introductoria cuanto en la misma valoración histórica de la profecía, y cuya interpretación auténtica hace además aquí Mt.
Es importante destacar que Mt se fije en esta profecía mesiánica, ya que en la tradición judía había quedado aislada, debido, sin duda, a las dos corrientes opuestas sobre el origen del Mesías. Unos—literatura apocalíptica— sostenían una cierta preexistencia divina del Mesías en Dios, y cuya aparición sería gloriosa. La otra tendencia, que admitía un Mesías puramente humano, no dio especial importancia al nacimiento de éste, ya que se creía estaría oculto hasta el momento de su manifestación a Israel. Mt sabe, independientemente de la profecía, la concepción virginal del Mesías, que él narró. Además, esta profecía es mesiánica: a) por lo menos en sentido «típico», como se deduce de la condena de Pío VI de la obra de Isenbihel; b) varios autores admiten que la profecía de Isaías es mesiánica en sentido literal directo.[1]
Las palabras de Mt 1,22 no son del ángel sino de Mateo. Él cita Is 7,14, la lectura “por medio del profeta Isaías” aparece en varios manuscritos, códices y Padres de la Iglesia. El término para Virgen, en hebreo de Isaísa 7,14 es עלמה (almá), en el griego de la Septuaginta es Παρθένος (Pathernos), y en arameo y siríaco es Betultá. La palabra hebrea (עלמה) almá deriva de alám (עלם), oculta, no conocida, una almá (עלמה) es una mujer que no ha sido conocida por varón.
En Is 7,14-16 el niño mencionado en el v.16 “Porque antes que el niño sepa desechar lo malo y escoger lo bueno, la tierra de los dos reyes que tú temes será abandonada.” es el mismo que se menciona en los versículos anteriores: Imanu-El. La partícula hebrea de conexión כי “porque”, y la repetición de las palabras, “rechazando lo malo y eligiendo lo bueno” con las del v. 15, evidentemente demuestran que el nacido en el v.14 es el mismo del v.16, y, para entrar en comprensión a la visión del profeta, debe de considerarse que, embelesado, por decirlo de alguna manera, en tiempos futuros, el profeta propone a Imanu-El, como la señal de salvación para el pueblo de Judá, como si estuviese pasando en su presente, en el momento que el profeta anuncia esta profecía: “He aquí, la virgen está concibiendo”, como si se entendiera que en este preciso momento estaba siendo concebido en el vientre de una virgen, y pronto a nacer: y anuncia que no pasará más tiempo desde su nacimiento hasta su capacidad de elegir entre lo bueno y lo malo, que del tiempo de la deserción de la tierra de los dos reyes.
No hay oposición alguna al decir que al niño se le llamará Imanuel cuando, dos versículos después, el mismo Mateo dirá que Yoséf /José «le puso por nombre Yeshúa» (v.2Sb), conforme al anuncio del ángel (v.2i). Porque el nombre que se anuncia en Isaías es un nombre profético de Yeshúa, y el nombre de Yeshúa es su nombre propio y personal. El nombre profético sólo indica lo que significará para los hombres, en aquel momento, el nacimiento de ese niño. Será «Dios con nosotros» de un modo particular. Acostumbra la Escritura poner por nombre los hechos mismos que se verifican. Así, al decir: "Será llamado su nombre Imanu-El", es como si dijera que "Verán a Dios entre los hombres". Y así lo llamarán las personas y así lo confirman los hechos.
[1] STRACK-B., o.a , I p.74; CEUPPENS, De proph. messian. in A. T. (i935)p- 188-225.