El Motivo de las Bienaventuranzas (Mt 5)

El Motivo de las Bienaventuranzas (Mt 5)

En Mt 4,23-24, Yeshúa observa a una multitud de personas padeciendo y viviendo en medio del sufrimiento y la adversidad. Entonces asciende a la montaña (Mt 5,1), contempla a esa multitud y, según mi interpretación, evoca el Salmo 37: un salmo que plantea precisamente una paradoja: ¿por qué prosperan los reshaim/malvados y sufren los tzadiqim/justos? La prosperidad de los impíos plantea un problema, que los justos no ven en prontitud la manifestación de la justicia divina, castigando a los pecadores y premiando a los justos, según la Torá (Dt 4,1). Los justos despreciados no comprenden por qué prosperan los impíos en esta vida, mientras que ellos mismos se consumen en la incomprensión y en el aislamiento social. El Salmo 37 viene a ser como el “sabio” lleno de experiencia, que da consejos a los que se sienten inquietos por el triunfo de los impíos en la vida.

Este Salmo abre con una prohibición: אַל־תִּתְחַ֥ר בַּמְּרֵעִ֑ים/al titjar bamereim, "no te irrites a causa de los malvados". Está dirigida a alguien que ya siente la tentación de la envidia o la desesperación ante la injusticia. Es una invitación al justo a no abandonar la justicia de la Torá y a permanecer en fidelidad a su Elohím. No debe el justo enjuiciar demasiado pronto la situación, sino confiarse a Adonái, aquietándose y esperando el momento de su justa intervención para poner las cosas en su debido orden. No debe impacientarse y dejarse llevar del enojo, que sólo conduce al mal, pues corre el riesgo de interpretar indebidamente los caminos secretos de la Providencia de Elohím (cf. Sal 39,2; Sal 73,2-3).

Sobre este trasfondo, las Bienaventuranzas en Mt 5 abren con una declaración performativa que invierte la percepción de quién es verdaderamente אַשְׁרֵי / ashré: dichoso (traducido como “bienaventurado”).

Yeshúa toma el lenguaje del Salmo 37 y lo sitúa dentro del anuncio del Reino de los Cielos. Enseña que la herencia del Reino será otorgada selectivamente, no irá a los malvados sino a aquellos que confían en él y hacen el bien (cf. Sal 37,3), los que esperan en Adonái (Salmo 37,9,34), los pobres de espíritu, inocentes y enlutados por la persecución de los malvados (cf. Sal 37,14; Is 61,2), los mansos (cf. Salmo 37,11), los justos (cf. Salmo 37,29) y los pacificadores y puros de corazón (cf. Sal 37,37). Estas respuestas ante el mal no son derrotas sino signos de pertenencia al pueblo que será vindicado.

Las Bienaventuranzas recogen así la tensión del Salmo 37 y del principio rabínico del צַדִּיק וְרַע לוֹ / tzadiq ve-ra lo: la paradoja del justo que sufre y el impío que aparentemente triunfa, y la resuelven mediante un doble movimiento.

Por un lado, son un llamado a la fidelidad en la justicia de la Torá, Yeshúa llama a sus discípulos a permanecer fieles a la Torá, sin adoptar los caminos de los reshaim/malvados ni dejarse seducir por su éxito temporal, incluso cuando la experiencia inmediata muestra que los malvados prosperan y los justos sufren. Por otro, son palabras de consolación que aseguran que la fidelidad no es en vano, porque la herencia verdadera no está en el éxito temporal sino en el Reino de los Cielos.

Para el discípulo de Yeshúa, la verdadera vida está en el más allá, y ésta, con sus sufrimientos y contrariedades, es la escuela para conseguir aquélla. La solución es: confianza en su Elohím y esperar el tiempo de su manifestación de justicia con los impíos y de retribución al justo en esta vida. Nadie disputará entonces los derechos de los fieles de Adonái, por tanto tiempo postergados. En aquel día podrán gozar de un inmenso shalom/paz, ya que, por más que se busque a los impíos, ya no estarán (Salmo 37,11).

De esta manera, las bienaventuranzas proclaman que la historia no será finalmente heredada por los violentos ni por los impíos, sino por los justos que en fidelidad esperan en Adonái. Cada una de las bienaventuranzas se estructura mediante un paralelismo sintético, y todas las recompensas a los que permanecen en fidelidad a su justicia serán otorgadas en el Reino de Elohím. Allí Elohím confortará, saciará, mostrará misericordia y los llamará.

PARDES fomenta el estudio, la reflexión y la meditación de las Escrituras, siguiendo las enseñanzas de los primeros discípulos de Yeshúa el Mashíaj del movimiento haDérej (El Camino; Hch 24:1)