Este discurso es situado expresamente por el Jn al fin del pasaje, “en el templo” (v.20) y “en la tesorería” (v.20). Este discurso está pronunciado en la fiesta de los Sucót, "de los Tabernáculos" (Jn 7:1.14; 8:2.12), como también se ve por la alusión a la luz.
Yeshúa, acaso como gritando dijo:
יוחנן ח׳:י״באֲנִי אוֹר הָעוֹלָם כָּל־הַהֹלֵךְ אַחֲרַי לֹא יִתְהַלֵּךְ בַּחֲשֵׁכָה כִּי־אוֹר הַחַיִּים יִהְיֶה־לּוֹ׃
Jn 8:12Yo soy la luz del mundo; el que me sigue, no andará en tinieblas, sino que tendrá la luz de la vida.
Consta por la Mishna (Sucá 5.1-4), que en la primera y en la octava noche de la fiesta de Sucot, "de los Tabernáculos", ardían en el 'atrio de las mujeres' cuatro gigantescos candelabros de oro, de 50 codos de altura. Estos candelabros estaban cargados de innumerables luces, y su resplandor iluminaba a los hombres del pueblo de Israel que festejaba con danzas, llevando en sus manos antorchas encendidas, mientras malabaristas jugaban con fuego, y los levitas tocaban instrumentos musicales y cantaban salmos. Era todo un espectáculo y una fiesta llena de alegría. Ubicado en el templo, y en el último y gran día de esta fiesta, Yeshúa acaso como gritando, dijo: “Yo soy la luz del mundo; el que me sigue no caminará en la oscuridad, sino que tendrá la luz de vida”.
Estos cuatro candelabros de oro conmemoraban la columna de fuego y la nube en las que dice la Torá:
שמות י״ג:כ״אוַֽיהוָ֡ה הֹלֵךְ֩ לִפְנֵיהֶ֨ם יוֹמָ֜ם בְּעַמּ֤וּד עָנָן֙ לַנְחֹתָ֣ם הַדֶּ֔רֶךְ וְלַ֛יְלָה בְּעַמּ֥וּד אֵ֖שׁ לְהָאִ֣יר לָהֶ֑ם לָלֶ֖כֶת יוֹמָ֥ם וָלָֽיְלָה׃
Éxodo 13:21-22YHVH iba delante de ellos para alumbrarles, y para que así pudiesen marchar lo mismo de día que de noche.
Simbolizaban la luz de la presencia de Dios. Yeshúa, al proclamarse "la Luz del mundo", alude a estas luminarias durante la fiesta de Sucot, "de los Tabernáculos". Al hacerlo, Yeshúa, evocaba dos cosas: I) que era a su “luz” a la que debían gozarse y vivir, II) y que, como en la columna de fuego Dios guiaba a los israelitas por el desierto, llamando a los hombres a seguirle, Yeshúa, identificándose con la misma presencia de Dios, llamaba a los hombres a seguirle. De este modo, Yeshúa se identificaba con la luz divina providente de Dios, aludiendo a su divinidad. Así es como comprendieron el mensaje los rabinos que estaban presentes. Así en su literatura, en Bamidbar Rabá dice:
במדבר רבה ט״ו:ה׳אָמְרוּ יִשְׂרָאֵל לִפְנֵי הַקָּדוֹשׁ בָּרוּךְ הוּא: רִבּוֹנוֹ שֶׁל עוֹלָם, אַתָּה אוֹמֵר שֶׁנָּאִיר לְפָנֶיךָ? אַתָּה הוּא אוֹרוֹ שֶׁל עוֹלָם, וְהָאוֹר דָּר עִמָּךְ
Bamidbar Rabá 15:5Israel dijo ante el Santo, bendito sea: “Amo del universo, ¿tú dices que debemos alumbrar delante de ti? Tú eres la Luz del mundo, y la luz habita contigo.
La luz es además símbolo de la redención mesiánica (véase Is 9:1; 42:6; 49:6; Barúj 4:2). El mismo Mashíaj, Mesías, es llamado Luz. Dios le puso “como Luz de las naciones” (Is 49:6; 60:1). El anciano Shimeón llama al Mesías: “Luz para revelación de las naciones” (Lc 2:32). Asimismo, lo llaman los escritos rabínicos: “El nombre del Mesías es Luz” (Bereshit Rabá 3.4; Ejai Rabati 68.4). Y en Qumrán aparece la expresión “luz de vida” por camino de salvación (1 Qs 3.7).
Aquí Yeshúa también afirmó: "El que me sigue, no andará en oscuridad, más tendrá la luz de la vida". Estas palabras están en sintonía con el Salmo: "Con tu luz veremos la luz, porque en ti se encuentra la fuente de la vida". En un sentido espiritual, al decir: "No andará en oscuridad", significa que no permanecerá en confusión ni error, pues Él, al igual que la columna de fuego y la nube, iluminará y guiará a quienes le siguen hacia la vida y a la verdad. De este modo, Yeshúa, queriendo demostrar que no era solo un profeta, sino el soberano de todo el universo dijo: "Yo soy la luz", no sólo de Galilea, ni de Judea, ni de Tierra Santa, sino la "luz del mundo".