¿Qué es la «fe» (heb. Emuná; gr. Pistis)?

¿Qué es la «fe» (heb. Emuná; gr. Pistis)?

Uno de los conflictos más significativos dentro de la religión radica en la definición del término, hoy ampliamente conocido como «fe». Sin embargo, al examinar esta palabra en sus formas originales hebrea y griega, su significado dista de ser tan abstracto como lo sugiere el uso moderno del término «fe».

Para muchos, es un sentimiento abstracto, una convicción interna o simplemente "creer muy fuerte" en algo que no vemos. Sin embargo, si viajamos al primer siglo y analizamos los términos originales, el hebreo Emuná y el griego Pistis, descubriremos que el significado moderno se queda muy corto.

En el mundo grecorromano del primer siglo, la palabra pistis no era exclusiva de la religión. El emperador romano exigía pistis a sus súbditos. No les pedía que "creyeran que él existía" (eso era obvio), sino que le juraran lealtad. Así, el emperador romano exigía a sus súbditos pistis para describir el vínculo de lealtad entre el César y el ciudadano. Pistis es el mismo vocablo griego que Pablo emplea en todas sus cartas y que corresponde al vocablo hebreo de emuná traducido comúnmente como «fe». Cuando Pablo utiliza este término en sus cartas, sus lectores no pensaban en una emoción mística o en un fuerte pensamiento sostenido, sino en un compromiso político y personal con un Rey.

En aquel entonces, el súbdito reconocía y aceptaba al emperador como benefactor, cuya pistis, es decir, su lealtad como señor, le garantizaba paz, provisión y orden. Se establecía así una relación de reciprocidad: el César manifestaba pistis / lealtad al mostrarse digno de confianza como protector, y el ciudadano respondía con pistis / lealtad, expresada en una lealtad obediente a sus leyes.

Para que la pistis (o emuná) sea verdadera, debe pasar por dos etapas inseparables. Si una de estas fases falta, el concepto se rompe:

Fase 1: la aceptación y el reconocimiento de la autoridad, el «sí» inicial. Es el acto de aceptar a alguien como quien dice ser. Es reconocer Su autoridad y señorío sobre su vida. Sería como firmar un contrato de aceptación y compromiso.

Fase 2: El Sostenimiento (la lealtad activa y sostenida). Es la continuidad de ese «sí» en obediencia fiel. El «permanecer» en lealtad obediente, conforme a los términos que el Señor establece. Sin esta obediencia sostenida, la pistis se reduce a un simple acto intelectual.

Las dos fases de Pistis es como firmar un contrato (reconocimiento) y cumplir sus cláusulas día tras día (fidelidad).

Por tanto, en el primer siglo pistis / emuná era, cuando el súbdito daba pistis al emperador, al reconocerlo y aceptarlo como su Señor, con autoridad real, y segundo, se sometía a Él, y lo demostraba con actos públicos verificables según los términos de su ley.

Cuando Yaaqov (helenizado Santiago) dice que pistis sin obras es muerta, está diciendo que una lealtad que no entra nunca en su segunda fase no es lealtad / pistis. Tiene la forma exterior del reconocimiento y aceptación inicial (la confesión, la fórmula: Adoní / Señor Adoní / Señor) pero le falta lo que es la verdadera lealtad: el reconocimiento sostenido en obediencia bajo los términos que el Señor establece.

Por eso mismo, la lealtad sin actos verificables es lealtad muerta, porque la pistis /lealtad solo existe en la medida en que se ejecuta.

Yeshúa nuestro Rey y Señor, lo expone de la siguiente manera:

"No todo el que me dice 'Adoní /Señor, Adoní /Señor' entrará en el Reino de los Cielos, sino el que hace la voluntad de mi Padre" (Mt 7:21). Yeshúa está describiendo, en la práctica, lo que es la pistis incompleta: la confesión verbal sin los actos que el Señor mismo determina como prueba de lealtad no constituye una verdadera pistis / lealtad. Y los actos que Él determina no son los de la ley del César —incienso, juramento, culto imperial— sino los de la Torá, tal y como concluye: "Y entonces les declararé: Nunca os conocí; apartaos de mí, violadores de la Torá (anomos)" (Mt 7:23).

El reconocimiento nos da acceso al Reino, pero la obediencia (lealtad; fidelidad) sostenida, es lo que nos mantiene operando dentro de su jurisdicción.

Entender la Pistis / Emuná como lealtad cambia nuestra perspectiva. Porque la desobediencia es una falta de lealtad, no es solo un error moral, es una ruptura del reconocimiento de la autoridad del Señor. Si dejo de obedecer, estoy declarando implícitamente que ya no acepto a esa persona o a ese Rey como mi autoridad máxima. De aquí la necesidad de permanecer en fidelidad y lealtad a nuestro Adón/Señor, el Señor del universo.

PARDES fomenta el estudio, la reflexión y la meditación de las Escrituras, siguiendo las enseñanzas de los primeros discípulos de Yeshúa el Mashíaj del movimiento haDérej (El Camino; Hch 24:1)